Eso es lo que me hace "vuestra" felicidad. Me hace esclavo y subsidiario: ciudadano. ¿Me hace feliz? No. ¿Y por qué me hayo así? Tal vez porque estoy sano. Ya no accedo a la profundidad del mar. Las olas ya no toman la fuerza de mi grial. Los peces no salen a bailar, cuando la luna me ha venido a visitar. Así es la felicidad, "vuestra" felicidad. La felicidad que no es feliz, sino alegre. LA felicidad que no alcanza intensidad. La magia que prestidigita y no diviniza. La excelencia proletaria, de baño común y enfermedades cutáneas; ni la lepra alcanzan, maldición profunda que no podría horadar huesos con sus besos demoniacos.
Aquí. Aquí no hay demonios peligrosos. Sólo alimañas desertoras, ni siquiera autárquicas: masamorreadas, sin voluntad lograda, sin alegría: divina locura-dora. Esta felicidad no es felicidad. Es un cheque a fecha, como toda la sociedad. Cuando lo cobras, te carga el pago de cuentas automático y sólo te permite: pagar más cuentas. Ni un helado, ni un viaje al cielo, ni al infierno. Esta felicidad, no es merecida. Meretriz de promesas burdas.
¿Eres feliz? Eres capaz de responder ¿altiro, altiro?. Si no eres capaz, no eres feliz. Y tu felicidad, no es más que una píldora, una droga sin voladas, un exceso sin contratiempos, un viaje sin línea de horizonte.
¿Eres feliz?
No. No soy feliz. No soy feliz. Y eso me entriztece. Y mi sangre claudica gritos. Y los globos de saliva se multiplican a un ritmo de rabia descontenida. El fracaso lame mis huellas. Me roba la sal, que tanto me costó el regalo de mi mar. Esos cristales, que dividían la luz, en rayos y soles, en palabras y angustias, en calzados unicornios a pies pelados. Aléjate de aquí, maldito sonriente, que no eres ni la cuarta parte de lo que fue mi sacra afrenta, contra el mundo, contra el destino y contra mi madre.
Si esto es ser humano ¿podré osar el suicidio desde esta substancia horrible e inmerecdora que me rodea? Las palabras, no tengo porqué relatar lo que son. En eso consiste la cura que proponen: en desmerecer la verdad que no puede decirse, pues está fuera de todo discurso, de toda capacidad personal.
Encontraré el camino para volver. Y si vuelvo, y la tierra me muesra la verdad que pienso, iré. iré. Y moriré en el intento, lo sé. Moriré y moriré. Y por fin la podré besar.
Y a usted qué le importa!